domingo, 24 de abril de 2011

Libros: Un granjero de diez años

Almanzo Wilder es un niño de ocho años que vive feliz en la próspera granja familiar en el Estado de Nueva York junto a sus padres, su hermano mayor, Royal, y sus hermanas Eliza Jane y Alice. Cuando las circunstancias son propicias, va al colegio, pero si el trabajo de la granja lo requiere, se queda trabajando en ella con toda la familia. Porque si algo caracteriza a los Wilder es que son grandes trabajadores, lo que les permite producir alimentos y cuidar animales que luego son muy bien valorados por los posibles compradores y, de esta manera, ganan bastante dinero, lo que les permite vivir holgadamente e incluso tener cosas bonitas en su casa. Y así, a lo largo de dos años, vemos crecer al pequeño Almanzo, trabajador incansable, enamorado de su rutina en la granja y deseoso de tener sus propios potros para domar, ya no solo por el hecho de que le encanta esa labor, sino porque se convierte en una especie de paso de la infancia a la madurez: el momento en el que su padre le permitirá trabajar con los hermosos potrillos de la granja.

Un granjero de diez años es el cuarto libro de la serie La casa de la pradera, escrita por Laura Ingalls Wilder, aunque, realmente, rompe con la cronología de los anteriores y con su temática ya que en este caso se trata de la narración de dos años de la infancia de Almanzo James Wilder, el marido de Laura, que además era diez años mayor que ella, así que el libro transcurre en unos años en los que apenas empezaba a formarse la familia Ingalls. El libro sigue más o menos las pautas de los anteriores: narración de la vida familiar a través de los ojos de un niño, dando forma a todo lo que ocurre a su alrededor y en lo que está presente. Se trata de la microhistoria que se convierte, a su vez, en todo un tratado de la historia y los modos de vida de la gente que habitaba Estados Unidos a mediados del siglo XIX. En este caso, además, hay significativas diferencias con los libros que protagonizan la familia Ingalls, con lo que la escritora enriquece su representación de la historia familiar y social.

Así, en Un granjero de diez años conocemos a los Wilder, una familia que vive en un entorno rural –lo mismo que los Ingalls-, aunque en este caso son propietarios de una imponente granja, con gran cantidad de animales, lo que les permite tener una posición social acomodada y dinero en el banco suficiente como para no tener preocupaciones. En cambio, ya hemos visto como Charles, Caroline y sus hijas han tenido que vivir en casas pequeñas y muy humildes, haciendo miles de cuentas para poder tener siquiera un par de animales. También es curioso ver la diferencia de comportamiento o incluso de gentes que viven en el Estado de Nueva York, donde se encuentra la granja de los Wilder, y en las tierras en expansión donde pasan a vivir los Ingalls, amplias praderas habitadas por indios y por emigrantes de otros países. Para mí ha resultado llamativo también comprobar cómo los pequeños Wilder, sobre todo Almanzo, trabajaban sin descanso, dejando de ir por ello a la escuela sin que le importara demasiado ni a él ni a sus padres eso de tener una formación. Las niñas Ingalls, también muy trabajadoras, en cambio no se ven sometidas a esa dura presión y tienen tiempo para jugar y para ir a la escuela, algo a lo que Charles y Caroline dan gran importancia.

Bueno, pues de nuevo tengo que reconocer que me ha gustado este libro, que nos trae una parte importante de la pequeña historia de Laura Ingalls Wilder y de la gran historia de una nación en plena ebullición social. Lo único que reconozco que no termina de atraerme es la edición de Noguer, con un formato poco atractivo para el público y menos aún para el público infantil al que va dirigido. En este caso, además, casi caigo fulminada cuando un poco antes de acabar el libro leo un “hoyó“, del famoso verbo “oir“: por Dios, es que no puedo disculparlo ni como errata. Digo yo que a alguien se le paga para evitar cosas así, ¿no?

INGALLS WILDER, Laura: Un granjero de diez años. Ed. Noguer, 2008. 198 páginas.

Colaboradora honoraria: Cinecita

3 comentarios:

  1. A lo mejor no se refería al verbo !oir", sino al verbo "hoyar" :)))

    Buen análisis del libro. No lo he leído aún, pero en breve me pondré a ello.

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  2. disculpa... al principio de el tercer parrafo dice wider y no wilder ¿es asi? saludos

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    1. Efectivamente, nos habíamos comido una "l". Gracias por el aviso. Saludos.

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