domingo, 27 de noviembre de 2011

Palomitas de maíz

Cuenta Laura en su libro Un granjero de diez años que en las frias noches de invierno, después de cenar y de que cada miembro de la familia realizase sus últimas tareas del día, los Wilder se reunían en torno a la estufa y se dedicaban a sus labores más placenteras. La madre hacía punto, el padre tallaba en madera, Alice bordaba, Eliza Jane leía en voz alta las noticias del periódico, Royal se dedicaba a sus manualidades de madera, y el pequeño Almanzo comía y bebía a placer. La familia preparaba un cuenco de manzanas y otro de palomitas de maíz, y había sidra dulce para todos. Royal preparaba las palomitas en una sartén y cuando estaban listas Almanzo las cubría de mantequilla fundida y sal, y las mezclaba bien. Creo que así es como se hacen todavía las palomitas al estilo americano (yo nunca les he echado mantequilla).



Y precisamente hablando de Acción de Gracias dice Laura: Las rosetas de maíz son americanas. Sólo los indios conocían su existencia cuando los Padres Peregrinos llegaron a América. El primer día de Acción de Gracias invitaron a comer a los indios y, cuando éstos hicieron acto de presencia, echaron en la mesa un gran zurrón de palomitas de maíz. Los Padres Peregrinos no sabían qué era; las Madres Peregrinas tampoco lo conocían. Los indios las habían frito, pero probablemente no serían muy buenas: seguramente no les añadieron mantequilla ni sal y estarían frías y duras después de transportarlas en sus zurrones de cuero.

Luego sigue hablando de las palomitas y de leche, porque Almanzo era de muy buen comer por lo que se puede leer. En fin, Laura aprovecha en ese parrafito y nos cuenta un poco de la historia americana y de camino nos da una receta para hacer unas buenas palomitas, insistiendo en que el secreto está en que se coman recién hechas.

Pero no solo los Wilder comían palomitas. ¿Quién no recuerda a los mismos Ingalls zampándose un buen cuenco de palomitas en la cama mientras comentaban algo ocurrido a lo largo del día?


4 comentarios:

  1. El gran secreto de las palomitas siempre ha sido comerlas recién hechas, con el maiz crujiente y tiernecito... Ummm... qué riquiñas.

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  2. Con su ligero toque saladito (sin abusar, que ya tenemos una edad y hay que cuidarse, jeje).

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  3. Aca en Chile se comen dulces y son muy ricas!

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