sábado, 30 de junio de 2012

El señor Hanson


En la serie de televisión de Michael Landon, La casa de la pradera, el señor Hanson era el fundador de Walnut Grove, hecho que ocurrió en 1840. Lars Hanson era además el dueño de la serrería y el alcalde del pueblo. Era muy buena persona y siempre que podía ayudaba a los demás, pero lo que más y mejor recuerdo eran sus divertidos piques con el doctor Baker.

Lo curioso de este personaje es que aparece en uno de los libros de Laura Ingalls Wilder, lo cual nos hace pensar que existió de verdad. Pero el Hanson literario no tiene absolutamente nada que ver con el Hanson televisivo. Para empezar, al personaje del libro solo lo conocemos como señor Hanson. En ningún momento se da su nombre de pila.

El libro en el que aparece este personaje es A orillas del río Plum, concretamente en el capítulo primero. Hanson era el emigrante noruego que le vende sus tierras a Charles Ingalls. Hanson quería marcharse al Oeste, y vendía su casa a cambio de la carreta de Charles. Este además cambió a sus caballos Pet y Patty por las tierras del señor Hanson, y a Bunny, el mulo, y el toldo de la carreta por las cosechas y los bueyes de Hanson. Todo se hacía, pues, por trueque.

La casa de Hanson era una cueva bajo tierra, que no hizo especial ilusión a Caroline, pero su marido le dijo que al menos era un refugio hasta que pudiera construir una casa, y ella quedó conforme. A Laura no le hizo ninguna gracia el cambio de los caballos y el mulo, pues sentía mucho aprecio por ellos, pero su padre le explicó que ellos serían más felices viajando hacia el Oeste que trabajando en el campo. Ella de todas formas no quedó muy conforme con la explicación, aunque no volvió a insistir. Al día siguiente, cuando Hanson y Charles se fueron al pueblo a formalizar la transacción, Laura casi rompe a llorar al ver marchar a sus animales. Y esta fue la última vez que sale el señor Hanson en los libros de Laura Ingalls. ¡Sí que le sacó provecho Michael Landon a un personaje tan breve!

jueves, 28 de junio de 2012

Karl Swenson


Lars Hanson
Actor de origen sueco que nació el 23 de julio de 1908 en Brooklyn, Nueva York. Comenzó su carrera en la radio, pero en el año 1953 pasó a la televisión haciendo un papel en una serie, y así conoció a su mujer, la actriz de teatro y radio Joan Tompkins, con quien apareció en algunas películas y en televisión.

Joan Tompkins
En los años 50 participó en series muy conocidas, como La ley del revólver, Maverick, Misión imposible y Hawai 5-0, por poner un ejemplo. Hasta que no tuvo cumplidos los 50 años de edad no empezaron a darle pequeños papeles en películas, y así podemos verlo en Cenizas bajo el sol (1958), Alaska, tierra de oro (1960), Los pájaros (1963) y Los cuatro hijos de Katie Elder (1965). También puso su voz en alguna peli animada, como Merlin el encantador (1963), donde daba voz a Merlin. Otras películas en las que intervino fueron: El árbol del ahorcado (1959), ¿Vencedores o vencidos? (1961), La conquista del Oeste (1962), El premio (1963), Mayor Dundee (1965) y La venganza de Ulzana (1972). Aparte tuvo papeles más o menos importantes en multitud de series, pero como son casi las mismas en las que salieron los otros actores de su época compañeros de La casa de la pradera, pues prefiero no repetirme tanto.

Karl Swenson en Cenizas bajo el sol (1958)
Como la mayoría del elenco de La casa de la pradera, Karl Swenson conoció a Michael Landon en el rodaje de Bonanza, donde aparecía en 4 episodios. Landon lo contrató para el personaje de Lars Hanson, dueño del aserradero de Walnut Grove, y en esta serie estuvo hasta su muerte, el 8 de octubre de 1978 (en Torrington, Connecticut) de un ataque al corazón. Curiosamente su personaje en la serie también muere. El último episodio en el que aparece es There´s no place like home: part 2, que es el episodio 6 de la quinta temporada. En Estados Unidos se emitió el 16 de octubre de 1978, apenas una semana después de la muerte del actor. En España se tradujo como La vuelta a casa (1 y 2), que también es un título bonito, pero pierde ese toque de homenaje a El mago de Oz.

En cuanto a su vida personal, estuvo casado dos veces. Con su primera esposa tuvo 4 hijos. Su segunda mujer, como ya he dicho antes, es la actriz Joan Tompkins (1915-2005), que aparece en dos capítulos de La casa de la pradera. El segundo de ellos se rodó unos meses después de la muerte de Swenson.

sábado, 16 de junio de 2012

Libros: El largo invierno


La familia Ingalls, instalada ya en su casita y en sus nuevas tierras en Dakota, espera con ilusión la llegada de la cosecha, pero Charles pronto empieza a notar que hay algo raro en el ambiente y que los animales se están portando de una manera muy diferente a la habitual. Así, cuando un viejo indio les alerta que se avecina un invierno especialmente duro (un fenómeno que sucede cada 21 años), deciden trasladarse al almacén que tienen en el pueblo para así tener la posibilidad de aprovisionarse si la cosa se pone mal, gracias al tren, que pasa por allí.

Una vez instalados en el pueblo, idea que también han tenido otros propietarios como los hermanos Royal y Almanzo Wilder, Laura y Carrie empiezan a ir a la escuela, a hacer amistades... hasta que un día llega una tormenta de nieve y deben salir precipitadamente hasta su casa. Se trata nada más del inicio de un crudísimo invierno en el que la nieve provocará que el pueblo quede aislado, sin posibilidad de que lleguen los trenes con provisiones y, por lo tanto, que el hambre y la desesperación lleguen a hacer mella en gente habitualmente tan tranquila como el propio Charles Ingalls.

El largo invierno, a pesar de ser el libro más “estático” en la serie biográfica de Laura Ingalls Wilder (casi todo trascurre en la misma casa), es el que más me ha gustado por ahora. Además, pienso que es el que está mejor escrito: es como si el estilo estuviera más “pulido”, o tal vez se trata de una mejor traducción al español. Tiene gracia porque creo que es la primera vez en la que los personajes de Charles y Caroline me han recordado en ciertos momentos a sus homólogos televisivos. También ha sido curioso comprobar cómo se ha hecho una traslación algo libre de los libros para la serie: ya no se trata sólo que La casa de la pradera pasaba casi todo el tiempo en un pueblo y una casa en la que la familia realmente estuvo muy poco tiempo, sino por ejemplo que algunos personajes son “mezcla” de diferentes personas que aparecen en la vida de la familia (en El largo invierno vemos que la maestra de la escuela tiene un hermano, pero no son ni Eliza Jane ni Almanzo, aunque en el siguiente libro sí que se cuenta que los Wilder tienen una hermana maestra a la que quieren traer con ellos).

En fin, me ha gustado El largo invierno: conocer de primera mano la dura existencia de los pioneros y el carácter de una gente que se tenía que enfrentar a retos muy grandes. Me gusta también reconocer, aunque sólo sea un poquito, al Charles y a la Caroline que tanto nos gustaban de La casa de la pradera; tengo que decir, incluso, que tal vez los personajes con los que más me está costando “conectar” son las niñas Ingalls, Mary especialmente: la pobre sabemos que sigue ahí porque de vez en cuando la nombran...

INGALLS WILDER, Laura: El largo invierno. Noguer, Barcelona, 2008. 222 págs.

Colaboradora honoraria: Cinecita

jueves, 7 de junio de 2012

Conjunto de bebé a crochet



Acabo de terminar un conjuntito de gorro, manoplas y botitas para un bebé que nacerá en un par de meses (el mismo de la colcha de tipo abuelita que puse hace poco más de un mes). Cada vez me cuesta más hacer cosas de lana o incluso de hilo, como en este caso, sobre todo cuando llegan días como el de hoy, donde el terral castiga con toda su fuerza. Por eso en verano hago más patchwork que crochet, porque no hay quien toque la lana con estos calores.

Así que dejé por unos días aparcada mi colchita de hexágonos a crochet para hacer con rapidez este conjunto antes de que el nene nazca, porque la idea es que lo usen nada más nacer. El diseño es el más sencillo que he podido hacer, para no complicarme mucho, y el punto elegido lo copié de una de mis revistas, ya antigua pero que he usado muchísimo (no sé ni cuántos ponchos he hecho con esa revista). Es un punto que me encanta para ropita de bebé, porque queda muy bonito y delicado.

Las manoplas están hechas con un rectángulo cosido por dos lados, y con un lacito para ajustarlas a la muñeca. El gorrito igual, pero le he ido menguando algunos puntos para darle la forma de media esfera. Y las botitas tienen forma de T invertida y se cosen por el borde para darle la forma deseada. Se le añade un lacito para ajustarlas, y al gorrito se le hace un pompón.

En fin, ahora retomaré mi querida colcha de hexágonos de lana, aunque la haré más lentamente, sobre todo los días de más calor. Pero a cambio usaré más la aguja y las telitas. Uf, qué ganas de que vuelva el frío, pero creo que queda un poco...