viernes, 27 de julio de 2012

Incendio en la pradera


Caroline y Charles apagan el fuego con sacos húmedos

Este es el título del capítulo 22 de La casa de la pradera, de Laura Ingalls Wilder. Y casualmente lo recordé mientras hace unos días veía en la tele a un experto que era entrevistado sobre el tema de los incendios forestales que se están produciendo actualmente en España, y en concreto referido al que ha dejado tras de sí la desgraciada muerte de 4 personas en Girona.

Decía este señor que en la naturaleza está previsto que haya incendios forestales como una manera de regenerar las tierras. Todos recordamos el ejemplo de los pinos piñoneros, que necesitan del fuego para que sus piñas se abran y dejen salir las semillas de futuros árboles. Y eso explicaba el hombre, con la advertencia de que lo que no es normal es el número de incendios que se producen, pues parece que casi el 90 % son provocados por la acción del ser humano, y sólo alrededor de un 7% son producidos por la naturaleza (rayos, volcanes...). La consecuencia lógica es que esos ecosistemas no tienen capacidad de regeneración con tantísimo incendio, y producen desertización, pérdida de biodiversidad y contaminación de aguas y aire, entre otras cosas. Y eso sin contar con la irreparable pérdida de vidas humanas inocentes, que o bien pasaban o vivían por allí, o bien trabajaban para controlar los fuegos. Por último hablaba de que algunas viviendas están tan metidas en los bosques que no dejan espacio ni para arar un cortafuegos en condiciones, y en este punto es cuando me acordé del libro de Laura, La casa de la pradera.

Laura habla en su libro de un incendio que se produjo en la pradera donde vivía con su familia. Su padre, Charles, estaba trabajando la tierra, que estaba muy seca y dura, con unas hierbas también secas que dificultaban la labor. De pronto llegó corriendo a la casa y avisó a Caroline de que se acercaba un enorme incendio, y que llenara la tina de agua y echara sacos vacíos en ella. Mientras tanto, él ató a los animales en la casa y se dedicó a arar un surco de tierra alrededor de la casa, que serviría de cortafuegos. Mientras araba iba prendiendo fuego por fuera del surco y su mujer iba con un saco húmedo en la mano apagando las pequeñas chispas que podían saltar dentro del área que quedaba por dentro del surco. De esta forma, cuando el gran fuego llegó a los límites que había arado Charles, se encontraba con un trozo de terreno que ya estaba quemado, con lo que el fuego se apagaba solo por ese sitio, y así la casa se libró del incendio. Mientras ocurría todo esto, Laura va describiendo cómo todos los animales de la pradera pasaban por los límites libres de fuego de la casa y se dirigían hacia el arroyo cercano, y cuando todo acaba los animales poco a poco vuelven también a sus terrenos.

Laura y Mary, junto a Jack, observan a sus padres luchar contra el fuego

Luego se reúne Charles con sus vecinos, el señor Edwards y el señor Scott y hablan sobre el incendio. Sus vecinos temen que los indios hayan provocado el incendio para matar a los blancos, pero Charles les dice que no es así, que sí es cierto que el fuego lo han hecho los indios, pero que lo hacen siempre en esa época (estaban en primavera) para quemar las altas hierbas de la pradera, que dificultan el paso de los caballos. De esta forma se regenera la pradera con hierba nueva y los indios pueden cabalgar con más libertad.

Me ha parecido por parte de Laura Ingalls Wilder un modo ejemplar de contar cómo la acción del ser humano en la naturaleza puede tener un buen impacto ecológico, pues se regenera un ecosistema sin alterarlo, ya que los animales tienen espacio para huir y donde refugiarse mientras pasa. Es cierto que las tres familias blancas las pasan canutas (aunque afortunadamente nadie resulta herido), pero los indios estaban ahí desde hacía siglos y sabían lo que tenían que hacer. No es culpa suya que ocupen esas tierras y encima no sepan vivir en ellas. Bueno, Charles sí, porque en este capítulo demuestra que era un buen granjero conocedor de los peligros del campo y de cómo sobrellevarlos, poniendo a salvo a su familia.

4 comentarios:

  1. muy interesante lo que cuentas, seguramente tenía razón charles en indicar que lo que hacian los indios era una práctica para mejorar las hierbas o en todo caso limpiar las que estaban altas, si hay algo que no se puede negar en todo américa es que las comunidades autóctonas tenian un respeto y comunión con la naturaleza únicas. Actualmente somos bastante descuidados con nuestra tierra, y es terrible perder vidas y naturaleza a lo mejor por incendios evitables.

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  2. Interesante tu explicación. Menuda sangre fría debían de tener para actuar así, con lo impredecible que es el fuego. El Charles este los tenía "cuadraos"... ;o)

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  3. Hola quisiera saber como se llama en la vida real el niño rubio que estudiaba con Laura en la escuela y que era cientifico, el era el amor de infancia de Laura.

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  4. Hola anónimo.

    Pues la verdad es que no tengo ni idea de a quien te refieres. Durante la infancia de la Laura televisiva sólo recuerdo que se enamorara perdidamente de un chico mayor que ella llamado Johnny Johnson, a quien dio vida el actor Mitch Vogel. Pero él estaba enamorado de Mary, y además sale en un par de capítulos solamente. No recuerdo que fuera científico.

    En los libros la cosa es algo distinta, porque la Laura literaria es muchísimo más tímida y retraída que la televisiva, y el primer chico del que se enamora es Almanzo Wilder. Como curiosidad, en las novelas sale también Johnny Johnson, aunque en un papel muy secundario, haciendo de pastor de vacas, creo recordar. Pero ninguna de las niñas Ingalls se fija en él, sobre todo porque eran muy pequeñitas.

    Saludos.

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