sábado, 6 de octubre de 2012

Viviendas subterráneas




A mediados del siglo XIX, coincidiendo con las oleadas de emigrantes europeos en las grandes praderas de norteamérica, comenzó a surgir un nuevo tipo de construcción. Me refiero a las casas subterráneas, una especie de cuevas excavadas generalmente en la ladera de una colina para aprovechar un lado como entrada. En ese lado, que solía estar orientado hacia el sol, se construía una pared con la puerta de entrada a la vivienda y alguna ventana para permitir un poco de luz natural. El suelo solía ser de tierra apisonada, y las paredes también eran de tierra, puede que encalada. Normalmente la planta de la vivienda consistía en un rectángulo no muy grande, y sobre todo eran los emigrantes escandinavos los que hacían estas casas.

Supongo que la falta de árboles, y por lo tanto de madera, en esas enormes planicies de hierba fueron la razón de que se hicieran ese tipo de viviendas (muy común por cierto en algunos lugares del mundo). Además contaban con el problema de un clima bastante extremo, con mucho calor en verano y con inviernos muy rigurosos.

Aparte del ahorro en madera, había otras ventajas para su construcción, como proveer de un clima muy suave todo el año, pues en invierno las cuevas mantienen una temperatura muy agradable, y en verano son frescas; y la protección de las grandes inclemencias del tiempo, como tormentas o vendavales. Por contra, las cuevas eran oscuras y demasiado húmedas, y tenían el problema de las filtraciones de agua de lluvia y los insectos. El techo de las cuevas era o bien de vigas de madera cubierto con ramas y hierbas, o directamente de la misma tierra con hierba. Laura cuenta cómo una vaca pisó el techo de su casa y se le quedó la pata metida dentro, lo cual nos indica el peligro de derrumbe que debió tener este tipo de vivienda.

De todas formas, se suponía que estas viviendas subterráneas eran provisionales, y que las familias se construirían casas de madera cuando estuviesen asentadas y contasen con suficiente dinero para comprar madera. Pero mientras tanto esta era una forma barata de poder tener un techo.

Esto es lo que cuenta la Historia. Y una vez más, Laura Ingalls Wilder nos relata en sus libros cómo su padre compró una de estas cuevas a un emigrante noruego (bueno, realmente hizo un trueque por los caballos y el carromato). Lo cuenta en A orillas del río Plum, donde nos presenta al señor Hanson, y donde nos narra de forma más amena todo lo que he dicho anteriormente, lo que demuestra que Laura escribió sus libros entre otras cosas para dejar constancia de una forma de vida que ya había desaparecido pero que ella vivió en primera persona cuando era una niña, y que como buena maestra que era quería dejar plasmada para las futuras generaciones.

4 comentarios:

  1. ¿Ese señor Hanson no es el que se disfrazó de San Nicolás?

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  2. Acabo de revisar y entiendo que no es, pero ¿Aparece en la serie?

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  3. Claro que sí. Lee esta entrada:

    http://micasitadelapradera.blogspot.com.es/2012/06/el-senor-hanson.html

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  4. ya me habia olvidado de los libros que lei de Laura, me hizo recordar cuando los leia en el colectivo yendo a trabajar en mi querida y lejana Buenos Aires, es como que se mezclaron mi propia historia y las historias de Laura en una sola, y todo eso quedo en mi recuerdo..

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