jueves, 4 de julio de 2013

El cuatro de julio

Foto cortesía de PDPhoto.org

Pues sí, hoy es 4 de julio, y creo que es conocido por todos que se commemora el día de la independencia estadounidense. Y claro, Laura Ingalls narra un par de veces en sus libros este acontecimiento tan importante. Lo curioso es ver cómo cambian las costumbres con el paso del tiempo.

En La pequeña ciudad en la Pradera, Laura nos cuenta cómo una mañana de julio se despiertan todos con el ruído de unas explosiones. Las niñas, especialmente Carrie y Grace, las más pequeñas, se asustan pensando que son unos soldados que vienen atacando con cañones, pero su padre las tranquiliza diciendo que se trata ni más ni menos que de pólvora que están haciendo explotar para celebrar el 4 de julio. La familia Ingalls vive en una cabaña en el campo, a una milla más o menos del pueblo, De Smet. Como el 4 de julio es una festividad grande, no se suele trabajar, así que Charles le dice a su mujer si quiere ir al pueblo para ver cómo lo festejan, pero esta declina su invitación porque prefiere quedarse en la casa. Al final Charles va con Laura y con Carrie, ya que Grace es demasiado pequeña para andar tanto rato hacia el pueblo sin cansarse y demasiado pesada para llevarla en brazos, lo cual provoca un pequeño berrinche en la niña.

Parece ser que lo normal era celebrar un picnic en el campo al que acudían todos los vecinos, según deja entrever Caroline, pero De Smet es todavía un pueblo en crecimiento y se ve que sus vecinos son pocos. Tampoco tienen mucho dinero para hacer celebraciones, así que sólo echan unos pocos fuegos artificiales, regalan limonada a todo el que quiera beber y celebran un par de carreras de caballos, en una de las cuales incluso recaudan entre los asistentes cinco dólares para darlos de premio al ganador. También se lee la Declaración de Independencia con gran solemnidad.

Es enternecedor ver cómo Grace prueba por primera vez en su vida la limonada. Laura la prueba por segunda vez. La primera fue en una fiesta que Nellie Oleson dio en Minnesota cuando Laura era pequeña. La limonada estaba deliciosa, según las niñas. Pero hay un detalle que hoy en día nos causa un poco de repulsión, y es que todo el mundo bebía la limonada con un cucharón, el mismo cucharón. Hay que pensar que en aquella época no tendrían mucha idea sobre los gérmenes ni nada por el estilo. Pero en fin, un poquillo de cosa sí que da... Los Ingalls se habían llevado unos bocadillos de pan con mantequilla para almorzar, que completaron con unos arenques ahumados que consiguió Charles.

En fin, que la celebración fue muy sencilla y austera, pero todos lo pasaron genial. Ah, y el ganador de los 5 dólares de una de las carreras de caballos fue, cómo no, Almanzo Wilder...

1 comentario:

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