martes, 8 de abril de 2014

El canto de la alondra, de Willa Cather

Con esta novela termino la llamada Trilogía de la Pradera de Willa Cather, compuesta por Pioneros (escrita en 1913), El Canto de la Alondra (1915) y Mi Ántonia (1918). Las tres tienen en común contar como protagonistas a tres mujeres de fuerte personalidad, descendientes de inmigrantes europeos, y que tienen que luchar contra los elementos y contra la sociedad para lograr sus metas vitales. Y lo que es más importante casi, las tres ambientadas en las extensas praderas norteamericanas, convirtiendo al paisaje en otro protagonista esencial, no sólo por su belleza sino sobre todo por su dureza.

En el caso de El Canto de la Alondra, la protagonista es Thea Kronborg, una chica de origen sueco, amante de la música, que desea perfeccionar sus dotes de pianista y cantante, y que pronto descubrirá que tiene un talento especial para la ópera. A partir de este momento, antepondrá esta misión, la de ser una famosa cantante de ópera, a todos los demás aspectos de su vida, incluyendo la vida familiar o las amistades.

Me ha parecido un libro muy bien escrito, como todos los que he leído por ahora de Willa Cather, con unas descripciones de paisajes insuperables, pero me ha costado un poco terminarlo. A ratos se me ha hecho un pelín pesado. No sé si será porque es más largo que los otros o porque el personaje de Thea se me antoja bastante antipático. O puede que por las dos cosas juntas. De las 3 heroínas de la Trilogía me quedo sin duda con Alexandra (de Pioneros).

En fin, parece ser que para el papel de Thea Kronborg, Cather utilizó la biografía de una famosa cantante de ópera contemporánea de la autora, llamada Olive Fremstad (1871-1951), y también usa aspectos de su propia vida para reflejarlos en la novela. De hecho se suele decir que es la más autobiográfica de sus obras. Por ejemplo, tanto Cather como su criatura literaria vivían en un pueblo ferroviario situado en las praderas del Oeste americano (Thea en Moonstone, una ciudad ficticia de Colorado, Cather en Red Cloud, Nebraska), ambas encuentran su auténtica vocación después de dedicarse a otras tareas (Thea quiere ser profesora de piano y termina siendo una afamada cantante de ópera, y Cather fue profesora de literatura en la universidad y más tarde periodista, aunque al final lo deja todo para dedicarse exclusivamente a escribir), y ambas deciden dejar de lado cualquier tipo de vida sentimental hasta encontrar sus auténticas vidas profesionales.

En cuanto a Olive Fremstad, la otra fuente para el personaje de Thea, tiene una historia muy parecida a la de esta. Nació en Suecia pero se trasladó siendo una niña a los Estados Unidos. De pequeña se la consideraba casi una niña prodigio por lo bien que tocaba el piano, aunque después de un buen entrenamiento (tras descubrir alguien su potencial) terminó siendo cantante de ópera. Al igual que Thea, no parecía tener mucho interés en tener relaciones amorosas, aunque se casó y se divorció dos veces, y parece que durante un tiempo vivió también con su secretaria, relación esta que dio lugar a otra novela (Of Lena Geyer, de Marcia Davenport). Vida interesante, pues, la de esta mujer que inspiró dos novelas.

Ya tengo en mis manos la siguiente novela de Willa Cather que quiero leer: La muerte llama al arzobispo, y en fila esperando detrás hay dos o tres más. Me encanta esta autora.

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